Camina, con esfuerzo pero lo hace. La montaña es alta, y el tiempo no espera. Camina, se detiene y camina otra vez. Algo está mal… Sigue caminando, se detiene nuevamente, pero esta vez mira hacia atrás ¡Gran Error! Allí los ve, todos esos recuerdos, todas esas personas, todo un pasado… Cosas que por más que quiera no puede superar y mucho menos olvidar, los pies y los hombros le duelen, pero no tanto como la imagen que ve, todo tan perfecto, todos reían, todos se abrazaban, su arco iris aún tenía color ¿Por qué tubo que terminar? ¿Por qué tubo que cambiar? Su arco iris murió.
Con un nudo ardiente en la garganta, y los ojos inundados de rebeldes lágrimas que a pesar de aparecer, no querían caer, no querían dejar salir ni un poco de su dolor. Ella volteó, con fuerza trató, nuevamente de seguir caminando, ascendiendo por la montaña ¡Qué estúpida montaña! Pronto ya no pudo, pesa demasiado, era como un iceberg en el medio del mar, congelada, fría, quieta y con gran parte de su ser escondido bajo las profundidades del agua. Miró con rabia sus pies, les gritó que se movieran pero, ¡Esperen! Algo hay atado en ellos, algo la ha estado deteniendo, algo la ha hecho perder las fuerzas, algo hizo que no pudiera seguir avanzando. Eran todos, TODOS los recuerdos, todas las emociones y sentimientos, todo lo aprendido, todo lo vivido, todo, amarrados a ella permanentemente, todo atado con algo con lo que ella no podía lidiar, todo atado con amor.


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